A 59 años de La Flor de la Canela

granda

Este 8 de marzo se cumple un aniversario más del fallecimiento de una de las grandes cantautoras que ha dado el Perú acaecido en la ciuda de Miami en 1983. Nos referimos a nuestra Chabuca Granda por lo que le brindamos un homenaje por los 59 años del estreno de “La Flor de la Canela”, una de sus grandes composiciones para el vals peruano.

“La Flor de la Canela ” fue una de las primeras obras de esa antología que la gran Chabuca dedicó a sus amigos, a gente que admiró y quiso, a quienes enmarcó y estampó en su lima tradicional. La propia Chabuca dijo que esta composición la fue creando en forma progresiva, poco a poco, día a día, hilvanando ideas que surgieron de un continuo desarrollo de ocurrencias.

Cuenta que por ese entonces, tras recibir un premio por una de sus canciones, durante el almuerzo que siguió a la premiación hizo uso de la palabra el prominente historiador y también vecino barranquino, el Dr. Raúl Porras Barrenechea, quien durante su alocución pidió : “Piedad para el río, el puente y la alameda”. Esa frase impactó profundamente a nuestra autora, quien confiesa que se convirtió en un estribillo, transformado luego en verdadero reto, que fue el punto de partida para la creación de “LA FLOR DE LA CANELA”.

Un día de ese 1949, cuando se encontraba trabajando como demostradora de los productos “Helena Rubinstein” en la antigua Botica Francesa del jirón de la Unión, recibió la visita de su amiga de la infancia Doña Victoria Angulo Castillo de Loyola, apuesta morena de abolengo, pues era nada menos que la “Madrina de la Primera Cuadrilla de Cargadores del Señor de los Milagros”, lo que constituye alcurnia negra en Lima.

Pensó en dedicarle una canción, y al evidenciar que en su cabellera ya peinaba canas, pudo captar un rubor en las mejillas de aquel fino rostro, surgiendo así los versos de “jazmines en el pelo” y “rosas en la cara”; al momento que la musa se despedía diciéndole “Niña, me voy caminando a mi casa”, lo que indujo a la artista a imaginar su andar garboso y elegante “por la vereda que se estremece al ritmo de su cadera” para dirigirse a su barrio en el Rímac, cruzando el río Hablador por el viejo Puente de Palo a fin de llegar a la Alameda del Tajamar, en la zona donde hoy se levanta el moderno puente de Santa Rosa, al final de la avenida Tacna.

Este recorrido imaginario lo enlazó con el estribillo motivador del Dr. Porras Barrenechea que sin cesar bullía febrilmente en su mente creadora. Aquella noche, su inspirada pluma compuso la mayor parte de la famosa canción, que fue afinando en los días posteriores.

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