Considerada como el baile nacional, es la expresión musical del sentimiento de un pueblo libre y alegre. Para su ejecución las parejas hacen derroche de gracia, picardía y habilidad, en cada uno de sus pasos, expresa el coqueteo de la mujer y el galanteo del hombre con las características de una danza folklórica.
Fue Abelardo Gamarra “El Tunante” compositor de la Decana, marinera que hoy es conocida como la Concheperla, quien nombro a este baile costeño como MARINERA en homenaje a la Marina peruana por su heroica participación durante la guerra con Chile. Se dice que originalmente era conocida con el nombre de zamacueca, zambacueca o mozamala, nombre que dieron los mulatos quienes a ritmo de cajón hacían aflorar la quimba y salero en las caderas de sus mujeres en la época de de la esclavitud.
Sin embargo, hay quienes dicen que la elegancia del pie femenino, el delicado movimiento del pañuelo en mano, el repique de palmas, la arrogancia en los movimientos del conquistador y enamorado varón, son elementos heredados de danzas españolas como la “Jota Aragonesa”, el “Fandango” o el elegante “Minué” francés.
Nuestra marinera cuenta con tres variedades, la marinera limeña que es garbosa y señorial, con pasos cortos y reglas estrictas en su canto y baile cuidadosamente elaborados. La marinera norteña es jacarandosa, vibrante y de ritmo alegre, de mayor libertad en sus movimientos. La marinera serrana, denota sentimentalismo y tristeza, su ritmo es lento, su melodía esta cargada del lamento y reclamo de un pueblo relegado. La marinera resulta de una fusión de ritmos negros, europeos e indígenas y siempre es el baile obligado en el remate de cualquier reunión familiar o social.












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