Reconocido como instrumento musical, es de origen “afro peruano” creado por los negros esclavos del Perú. En la época de la colonia reemplazo a los tambores que tocaban los esclavos, debido que todos los tambores que se hallaban en posesión eran quemados dada a una prohibición impuesta por la iglesia por considerarlos artefactos paganos, y de igual manera las autoridades de la época querían evitar la comunicación a distancia que se daba a través de la percusión de los tambores.
Los ritmos peruanos de marcada influencia española han ido adoptando elementos criollos y negros, y tomaron nombres como, el Lando, el panalivio, el payandé y el festejo entre otros, para luego dar origen a la zamacueca, que luego sería considerada como danza nacional con el nombre de Marinera, en honor a la flota naval Peruana. Recién por la década del 60 del siglo XX se incorpora al Vals. Fue el popular “Gancho Arciniega”, uno de los primeros cajoneros y quien lo incorpora al Vals, enriqueciendo así este genero musical. Alcanza su apogeo en manos de maestros de la talla de Caitro Soto y Arturo “Zambo” Cavero.
Elaborado en cedro o caoba, con una altura de 47 cm y una base de 35 cm por 20 cm, el cajón brilla con luz propia como el instrumento predilecto e imprescindible en cualquier manifestación de “música criolla”. Todo conjunto musical criollo se conforma por el trío inseparable de Guitarra, Voz, y Cajón.
Sí bien es cierto que el cajón se ha internacionalizado gracias a su reciente inclusión en géneros musicales como el jazz, flamenco y la música afro-latina-caribeña, esta claro que su origen es peruano, y por esta razón el cajón es oficialmente considerado por el Perú como Patrimonio Cultural de la Nación.
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