En la noche del sábado van llegando a la Plaza Mayor de Ayacucho y calles aledañas campesinos feriantes, turistas y pobladores. En el lugar hay bandas de música, conjuntos tradicionales de guitarras, mandolinas, quenas, violines y arpas, la gente baila, toma licor y canta a lo largo de la noche, esperando la procesión que saldrá hacia las cinco de la mañana.
La inmensa procesión, que culmina el ciclo celebratorio de la Semana Santa, es de gran participación popular con quema de chamizo, castillos y cohetes. El anda, de vólumen y peso muy grande, sale de la Catedral antes de que salga la luz del sol, la oscura madrugada es iluminada por los fuegos artificiales.
Debajo de la inmensa “nave” hay cerca de 300 cargadores anónimos del pueblo, que sin mayor organización se turnan con la masa de gente deseosa de llevar en sus hombros al Cristo Resucitado. Así, da una vuelta alrededor de la Plaza y cuando amanece y la luz del día ilumina la ciudad la procesión ya está culminando su recorrido y reingresando a la Catedral.
En la tarde, se realizan carreras de caballos de hombres y mujeres, especialmente de éstas últimas a quienes en el pueblo llaman “amazonas”, que por lo general son campesinas que provienen de la región de Cangallo, lugar donde se refugiaron los últimos “almagristas” dando origen a una descendencia peculiar, los bravos jinetes “morochucos”, campesinos con marcados rasgos españoles, de ojos claros, azules, barbados y rubios.
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