Sin embargo, ahora el arqueólogo forense Raúl Edwin Greenwich, que durante un año y medio ha dirigido a un equipo de nueve especialistas, ha sometido a los restos a nuevos análisis y ha concluido que “con un 80% de probabilidad” se trata del esqueleto del conquistador. Greenwich afirma que, entre los detalles que llevan a pensar que se trata de Pizarro, están las numerosas lesiones encontradas, de tipo “cortante-penetrante y cortante-contundente”, en el cráneo, vértebras cervicales, dorsales y primera lumbar que concordarían con la muerte violenta del conquistador. Además, señala que la alta concentración de plomo encontrada en el cráneo ahora examinado lleva a pensar que llevaba mucho tiempo encerrado en la cajita de plomo.
Del mismo modo, los huesos de los talones presentan inflamaciones propias de alguien que durante su vida tuvo que hacer largas caminatas (como las hizo Pizarro en su juventud), así como restos de metal que se corresponderían con las espuelas con que se amortajó. La confirmación de la identidad de Pizarro -reconoce Greenwich- no será completa hasta que no se realice un análisis de ADN, pero también esto presenta sus dificultades: no existe ya descendencia por línea directa del marqués, por lo que habría que buscarlo en sus antecesores.
En la Iglesia de Santa María de la ciudad española de Trujillo (ciudad natal de Pizarro) hay identificadas once tumbas donde podrían hallarse esqueletos de parientes maternos de Pizarro, motivo por el cual el arqueólogo forense, Greenwich, enrumbaría a estas tierras extremeñas a completar su investigación.
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