Guadalupe, enclavado en el corazón del valle del Jequetepeque, perteneciente a la Provincia de Pacasmayo en La Libertad es conocido por sus fértiles campos de sembrío de arroz, su pan con pavo, su Cerro La Virgen, por los Caribeños de Guadalupe y sus zancudos que reciben a los foráneos en la temporada de verano.
Este pueblo tiene un clima variado y exquisito que es regulado por la hilera de cerros que se levanta majestuosamente entre él y el Océano Pacífico. Y como toda ciudad norteña ( a 692 km de Lima, a 10 horas en autobús) su gente es bonachona, de trato familiar que hacen sentir al visitante como si fuera un vecino.
Cabe destacar que esta ciudad debe su nombre a la Virgen de Guadalupe, cuya fundación ocurrió el 15 de abril de 1550, por el Corregidor español Don Francisco Pérez de Lescano, quién fundó allí el santuario de la milagrosa Virgen de la Extremadura de España, cuya copia de la imagen lo trajo desde la misma España hasta que en 1560 los padres agustinos construyeron un hermoso templo, junto al cerro Namul.
Actualmente, una efigie de la Patrona de la ciudad se venera en lo alto del Cerrito de la Virgen, que se eleva a unos 80 metros de altura a donde acuden residentes y foráneos a rendirle su pleitesía y oraciones. Cabe agregar que la venerada imagen fue inaugurada un 3 de diciembre de 1967 obra del escultor Arturo Velasco Núñez y construído a base de piedra de granito que mide 12 metros de alto y cuya plataforma sirve como espléndido mirador de la ciudad que se rinde a sus pies.
Y ya en el centro de la ciudad donde se halla La Plaza de Armas y el Templo San Agustín puede ser el punto de partida para recorrer sus calles y llegar a la Avenida el Ferrocarril, a la Casa Taller de los Albujar y Guarniz, a la Plazuela Albújar, al Mausoleo de los Héroes civiles Guadalupanos y su mercado lleno de ambulantes que venden sus mercancías y cebadas refrescantes.
En cuanto a sus playas destacan la “Barranca”, “Rinconazo”, “Lajas”, “Las Cruces”, “Playa Chica” y “La Bocana” con sus arenas y aguas limpias a solo 15 km del pueblo que en la época de verano acuden en masa para darse un chapuzón.
Otro detalle es que el visitante no puede dejar de saborear el riquísimo Pan con Pavo que se vende en el Restaurant Velásquez, El Percal y Don Carlos, además de otros platillos como ceviches de camarones y lagartijas y su chicha de jora que eleva temperaturas y pasiones.
Guadalupe los espera.
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