En Zaña, una localidad que tuvo un apogeo colonial, tiene entre sus costumbres los bailes y danzas de la música negra, traída por los esclavos negros, aproximadamente por el siglo XVI.
Por su gran contenido erótico, estaban sujetas a prohibiciones pero que poco a poco fue ingresando en el gusto popular y así es como llega a nuestros días como el landó, el festejo, el alcatraz, el panalivio, el landó, el zapateo criollo y las décimas que aunque no es practicada solamente por la gente morena, cuenta con muy buenos cultores del arte decimístico.
Resulta que al mezclarse las costumbres y otros modos de vida en las jornadas diarias para lo que fue traído el negro a nuestra patria. Generalmente en todas las haciendas costeñas se extendió la raza negra y entre el duro trabajo de las faenas agrícolas y el merecido descanso en las frías barracas que se les asignaba como vivienda.
Así, fueron creando sus propios instrumentos como en un inicio el tambor, luego el “checo” (una calabaza seca a la que le arrancaba sonidos musicales y seguidamente el cajón, de de las maderas rústicas que llegaron a sus manos, hizo con mucho ingenio sus formas características tal como se le conoce en nuestros días y le dio el sonido apropiado utilizando para acompañar a sus canciones.
En un inicio utilizaban sonajeros, pacaes secos y luego crea la quijada de burro, huiros, cencerros, tumbadoras, claves, para darle musicalidad al ritmo negro. Vea este video.
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