Ayacucho destaca no sólo por sus numerosos templos y casonas coloniales, sino también por sus costumbres y tradiciones ancestrales, que reflejan la inquebrantable fe de su pueblo. En Ayacucho, la festividad cristiana de Semana Santa se celebra durante diez días, en los cuales la población se moviliza con fervor para participar en ceremonias religiosas y procesiones, así como en actividades culturales, artísticas y comerciales.
La fiesta cristiana desde su origen tuvo como eje la Pascua de Resurrección. Por tanto, “el contenido de la Pascua, es el triunfo de Cristo sobre la muerte”, donde el arrepentimiento y la penitencia tienen un papel muy importante.
La ciudad de Ayacucho es considerada después de Sevilla (España) como la segunda en el mundo por la celebración de la tradicional Semana Santa.
En la capital, Huamanga, las celebraciones se inician con el llamado “Viernes Doloroso”, anterior al Domingo de Ramos, congregando miles de feligreses alrededor del Señor de la Agonía y de la Virgen Dolorosa, en un encuentro que personifica el sufrimiento de Cristo y el de su madre.
Minutos después del mediodía en el Domingo de Ramos se realiza la tradicional entrada de la “Chamiza” o retama -especie de planta seca- a la Plaza Principal, que consiste en el paso de una tropelía de acémilas y asnos -adornados con ramas de esta planta- jalada por los pobladores que, abriéndose paso entre la multitud, hacen estallar cohetes y bombardas. Al llegar a la Plaza Principal de la ciudad, la “chamiza” es depositada en un discreto emplazamiento al costado de la Catedral, donde permanecerá intacta hasta la madrugada del Domingo de Pascua antes de ser incinerada.
En el Miércoles Santo acontece la Procesión más significativa de la Semana Santa. El Nazareno, ataviado con un traje de terciopelo morado bordado en oro y piedras que asemejan ser preciosas, se encuentra con la Virgen Dolorosa, con una túnica negra de encaje, llamando la atención los siete puñales que lleva en su pecho.
Ambos marchan juntos hacia el templo de Santa Clara, de donde salieron al principio de la jornada, acompañados por María Magadalena y San Juan, en andas.
En el Sábado de Gloria, el ritual pagano se hace presente en el cerro Acuchimay, donde se organiza una feria popular en que se venden todo tipo de artesanías, bebidas típicas como chicha, quesos frescos, “pimientos detonantes” y sopas, servidas en mates. La ocasión es propicia para beber la “chacta” o aguardiente de caña y para “chacchar” (masticar) la tradicional hoja de coca.
La Semana Santa llega a su fin el Domingo de Pascua o de Resurrección, justo cuando el alba colorea con un rutilante celeste la ciudad. Este mismo día la población pasa de la pena y congoja por la muerte de Cristo al canto alegre de himnos de gloria por el Cristo resucitado.
El Señor hace su aparición en un anda monumental en forma de pirámide, mientras el humo de la quemante “chamiza” tiene como telón de fondo el doblar de las campanas, los cánticos y los fuegos artificiales, que señalan el epílogo de esta inolvidable semana ayacuchana que se repetirá con igual o más fervor el próximo año.
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