Esta ciudad milenaria está situada en la Sierra sur del Perú, en la cuenca del río Huatanay, cuenta con una población aproximada de 300,000 habitantes y es el mayor destino turístico con afluencia de visitantes de más un millón de personas al año. Pocos saben que su Plaza de Armas, en sus orígenes, tuvo más del doble de su actual dimensión y estuvo dividida nada menos que por un río: el Sapphi, cuyas aguas fluyen hoy por debajo de los edificios que se ubican frente a la Catedral y que durante los días del imperio, esta plaza estaba dominada por una inmensa piedra cubierta por láminas de oro en la que se llevaban a cabo sacrificios y todo tipo de ceremonias militares y religiosas.
Continuando la caminata por la plaza, llegamos a La Catedral, construída sobre los restos del Quishuarcancha que, según se cree, fue el aposento del Inca Viracocha, se comenzó a edificar en el 1550 y fue terminada casi un siglo después. En su interior, pueden apreciarse cerca de 400 impresionantes pinturas coloniales, la mayoría de ellas, pertenecientes a la “Escuela Cusqueña” , un importante grupo de pintores indígenas que aplicó las técnicas occidentales a su propia sensibilidad para producir las más hermosas -y desconcertantes- imágenes religiosas. En su visita a la catedral no deje de contemplar el impresionante “Señor de los Temblores” venerada imagen de un Cristo de 26 kilos de oro y piedras preciosas y de acercarse a la misteriosa leyenda de la campana “María Angola” que, desde lo alto de una de sus altas torres, hace escuchar su poderoso tañido en 40 kilómetros a la redonda.
Tampoco deje de visitar el Museo de Arte del Cusco, en pleno corazón de la Hatunrumiyoc (O Calle de la Gran Piedra), famosa por su muy visitada piedra de los doce ángulos. Sobre la célebre pared de piedra se erige el museo que antaño perteneciera a la iglesia que tenía alí la sede del Palacio Arzobispal. Siguiendo el camino hacia arriba llegamos hasta la preciosa Iglesia de San Blas, que data de 1562 y posee un impresionante púlpito que, para muchos expertos, constituye la pieza de madera tallada más fina del mundo, hasta llegar al Qoricancha es, sin ninguna duda, uno de los templos más famosos de América y que albergó en la época del Inca Atahualpa, placas de oro de 6 metros de altura, platos, joyas; disco de oro que representaba al Inti (Sol) y un altar ceremonial.
En otro ámbito de su recorrido, en las afueras de la ciudad, no debe perderse la aventura de conocer Sacsayhuamán, la ciclópea fortaleza que asombró tanto a los conquistadores que muchos de ellos llegaron a creer que se trataba de una obra del demonio. Son gigantescas piedras -algunas de las cuales llegan a pesar 20 toneladas cada una- se superponen unas a otras en una unión tan sólida y perfecta que continua siendo un misterio para la ingeniería contemporánea. En una época en la que no se conocía aún el cemento, resulta inexplicable cómo sus constructores pudieron lograr que las junturas entre piedra fueran tan perfectas que entre ellas no cabe ni siquiera una hoja de papel.
Y cuando cae la noche, la ciudad del Cusco adquiere un insospechado tono de cosmopolitismo: jóvenes locales y extranjeros se confunden en una sola multitud ansiosa de emociones con bailes en bares y restaurantes, en cuyos muros querrá dejar estampado su nombre como para recordar que estuvo en la inolvidable Cusco. Bienvenido al ombligo del mundo!
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