En Viernes Santo o del Santo Sepulcro, la estratificación social ayacuchana se hace evidente en dos festividades importantes. Por un lado, las clases acomodadas de la ciudad han hecho “suya” la celebración del día Viernes Santo, en ella, la población humilde participa sólo en calidad de “observador”.
En contraposición, el pueblo, participa multitudinariamente en la preparación, organización y festejos. Lo asombroso es cuando se pagan todas las luces en este día para dar paso a la urna con el Señor yacente, así como la Virgen Dolorosa, están acompañadas por devotos vestidos de negro.
Todos los participantes llevan cirios y la luz del alumbrado público, por donde pasar el sepulcro, son apagadas. Bandas, música militar y coros acompañan el cortejo.
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